EL SALVADOR ES DE TODOS

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6/2/11

A 44 AÑOS DE LA MUERTE DE VIOLETA PARRA-Lord Halmulh

El 5 de febrero de 1967 se celebra llorando y cantando; recordando a dos mujeres únicas, unidas por la música, el amor y la desdicha. Es difícil concebir de dos mujeres que estando tan lejos la una de la otra hayan sido capaces de complementarse tan apropiadamente. En una tierra dormida en la costa del Pacifico y en las faldas de los Andes, que separan a la Argentina de Chile, Violeta Parra nació el 4 de octubre de 1917 en calle Roble en la ciudad de San Carlos, provincia de Ñuble, en el sur de Chile. Ella hacia tormentas en su andar, la tierra temblaba.

La otra se llamaba Mercedes Sosa pero la conocían desde que empezó a cantar en Tucumán donde nació como "La Negra". Mientras una le escribía a la furia que hervía en su pueblo y su cuerpo, la otra le canto al mundo, especialmente a los que como ella vivieron el exilio, para que pudiéramos llorar la amargura del exilio, recordar de donde venimos, y nos dio esperanza en sus trovas de que un dia primero dios hubiésemos de volver. Como se lleva el viento un verso, La Negra se nos murió el cuatro de octubre del año 2009. Nadie duda que el mundo se quedo más pequeño y más triste cuando se nos fue. Nos dio tanto, el color de sus ojos negros….y esa voz, que era un martillo golpeando loza, gentil, como el corazón de un amante que ama más allá de lo que puede.

La vida de Mercedes Sosa que caminaba despacio como un puma en la montana, se liga directamente a la de otra, Violeta Parra, que se suicida poco después de que se produzca y salga a la luz el álbum "Las Últimas Composiciones" (1966), su canción "Gracias a la Vida" que sería Mercedes Sosa la que la propagaría, era parte de esta compilación.

A "La Negra" la bautizaron Haydee Mercedes Sosa, y desde que empezó a cantar aprendió a caminar. Nació el 9 de Julio de 1935, de un padre Francés y una madre argentina en Tucumán, Argentina. Nadie le pudo perdonar que su madre no fuera europea, y que su sangre fuera quechua, aun cuando cantaba como un ángel y su voz eran nubes de estela cósmica y bálsamo que sanaban corazones.

Si Sosa sanaba, Parra hería el corazón con el dolor que llevaba. Te exigía mirar al mundo y guerrear, a veces contra lo solitario que era el ser rebelde, y otras veces enamorada, cantándole al mundo del hombre que amo más que a la vida. Mientras que a Sosa la exaltaron con su voz de diosa hasta que se hiso viejita gordita, y su sonrisa gentil milenaria reemplazo la de la muchacha que enamoro a todos, a Parra la mato el amor antes de cumplir los cincuenta años.

En Sosa las coplas de "Gracias a la Vida" son un poema al mundo y a la esperanza que es el vivir y creer en lo que nos puede dar y da el vivir; en Parra es dolor, fresco, febril, vibrante, una carrera a un precipicio de nostalgia y traición, una advertencia, una despedida. Una ríe, y la otra llora. A Sosa le perdonan todo porque se va al exilio a cantarle al mundo, se vuelca sobre la música devorando y gritando en coplas lo que es ser Latinoamericano, porque ser argentina no le alcanzo para poder ser tan grande. Parra amaba a un hombre sobre todo lo demás, músico y antropólogo suizo Gilbert Favré, el de los ojos claros, quien le robo la paz y la mando al exilio, no por ser izquierdista, sino por enamorada. Parra se empequeñece para poder vivir en los apacibles lagos alpinos que son los ojos de su amante al que persigue a Europa y de nuevo a su Chile. Sosa crece, como el pueblo al que se arroja como un ave al vacio.

Te perdonan todo en la izquierda, menos el amar. El amar solo puede ser verdadero si es al pueblo, neutro, vacio por ser indefinido, etéreo por ser monástico, grave en su herida por lo impotente. A Roque que nos define tan bien no le perdonaron tampoco que su amor al pueblo tuviera los ojos bellos de Ayde, y las caderas de Mayra. De pequeño burgués lo elevaron a pirata filibustero al servicio de los yanquis y lo matan. Parra mira a su hombre escaparse a Bolivia y cuando lo sigue, allí lo encuentra casado a otra. Lo perdió no en la multitud donde lo había amado, lejos, enfrascado en ser masa, sus ojos claros, el hombre que amaba se fue y con él su vida. Se mata de un balazo. Sosa entierra a sus maridos, sobrevive en la música, su voz es más que nada esperanza y cuando se nos va, ochenta y tres anos exactamente del día en que nace Violeta Parra, es porque se la lleva una peregrina violencia renal y los mismos problemas respiratorios que plagan a nuestro mundo moderno víctima del dios industria que se nutre de aire y sangre de todos. Su cuerpo lo pusieron como el de María en la Piedad, pura, dulce, americana más que argentina, del mundo más que de Tucumán, en un burdel de Buenos Aires, el edificio del Congreso Nacional, para que el mundo la llorara. La mujer que fue el fuego de los que no quisieron morir en el exilio fue cremada el cinco de octubre del año 2009.

Parra convierte su dolor en furia. Le canta al mundo en bala, los mira, milicos asesinos y dice "Miren Cómo Sonríen" impunes, y cuando nuestra gente muere con el Rosario en la mano pregunta "Qué Dirá el Santo Padre". Ella tenía una pena como el "Arauco Tiene una Pena", se fue febril cantándole a su chile "Según el Favor del Viento". Hasta que no pudo más. El 5 de febrero de 1967, a los 49 años de vida, y tras varios intentos fallidos, Violeta Parra se suicida en la carpa de La Reina, embravecida, abandonada por su hombre y su pueblo que no entendieron su furia, y no le perdonaron jamás el haber amadamo así tan como mujer. No hubo un burdel abierto para velarla, la carpa de una aurora boreal al margen de un glacial le sirvió de capilla.

Una fue el mundo, la otra de Chile. Si te quedas en silencio las podes oír todavía gritando, guitarra en una mano y un puno en la otra "Viva Chile, Mierda!" grita una insolente, y la otra "allons enfants de l'autre Amérique, Le jour de gloire est arrivé!

Contre nous de la tyranniey", en coro las dos, divinas mujeres, unidas en un paraíso que será de la Tierra del Fuego al Ártico, y donde nadie muere de amor pero amado.



http://www.violetaparra.cl/

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